SÍ SE PUEDE

Mi hijo y yo vivimos en un tercer piso sin ascensor y, cuando bajamos, cogemos alguna cosa blanda que no haga daño y él la va tirando desde arriba y va viendo como cae. La recoge cuando llega a ella y la vuelve a tirar hasta que llegamos abajo.

Hoy, a la hora de subir, quería tirar una pelota pequeña de goma, de esas que saltan muy rápido de aquí para allá y son difíciles de recoger. Quería subirla poco a poco.

Yo estaba ya cansada (última hora de la tarde) y él estaba muerto de sueño y hacía menos de media hora se nos había complicado todo un poco precisamente por el cansancio. Ha sido por eso que, al decirme lo que quería hacer, mi cabeza y también mi voz han empezado a darle razones de que no tenía sentido hacer eso porque la pelota se caería continuamente y nos tocaría bajar cada vez a recogerla y que, como estábamos cansados, no era muy buena idea hacer eso ahora. Ha sido algo así: “Esa pelota no vas a poder subirla. Salta mucho y es difícil de coger y cada vez que la tires se va a caer y vamos a tener que bajar tramos de escalera todo el rato para recogerla. NO  VAS A PODER subirla porque bla, bla, bla,…”

Cuando he visto por dónde iba, he intentado con todas mis fuerzas parar mi parloteo “aprendido” (hoy no era mi mejor día para ser positiva ni escucharle) y me he esforzado por CONFIAR EN ÉL, EN OTRA REALIDAD. Entonces, le he intentado decir despacio y más tranquila que, como esa pelota tenía esas características, que tendría que hacerlo más despacio para que no se cayese continuamente.

Hemos empezado a subir hacia arriba, yo sin confiar plenamente en lo que le acababa de decir (porque, repito, no era de mis mejores días para escuchar la voz de mi hijo y simplemente confiar) y, SÍ, HA PODIDO. Ha subido la pelota hasta el tercer piso sin que le cayese para atrás. La ha subido despacio, totalmente concentrado en lo que hacía y lo ha conseguido.

Y esto me ha permitido, de nuevo, darme cuenta de que SI SE PUEDE, TODO, solo se trata de HACERLO DE OTRA MANERA distinta a la que estamos pre-programados.

Son muchas las programaciones que tenemos en nuestro interior y que nos limitan, y nos hacen limitar a nuestros hijos y a las demás personas en general, antes siquiera de que algo ocurra. Y así vivimos gran parte del tiempo. Previniendo cosas que “seguro” pasarán sin arriesgarnos a hacerlas y, quien sabe, perdiendo preciosas nuevas experiencias de vida.

Demasiado miedo habita en nuestra cabeza y nos impide vivir la vida de verdad. Los niños, sin embargo, viven de esa manera, sin limitaciones. Por eso es tan importante mirarles más, confiar más en lo que va a salir de ellos (algo mucho más vivo que lo que pueda salir de nosotros) y esforzarnos, mucho, cada día, cada segundo por no cargarles con todas nuestras programaciones. Quizás se trata de HACERLO DE OTRA MANERA: que los adultos confiemos en los niños, en su verdadera conexión con la vida, para poder ir eliminando todas nuestras limitaciones y recuperar nuestra propia vitalidad…

El cuento que he escrito nos cuenta todo esto:

https://www.verkami.com/projects/22283-y-si-todos-tuviesemos-un-gran-corazon-rojo

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