ESTOY CONVENCIDA…

Llevo dos tardes viendo actuaciones del programa de la Voz. Me gusta sobretodo ponerlo de fondo y escuchar las voces de los participantes. Sólo escuchar y sentirlos. Muchas veces se me eriza todo el cuerpo y me emociono y estoy convencida de que ahí, justo en ese momento, se manifiesta la verdadera vida. Está en aquellos momentos en los que algo nos une, más allá de su forma y contenido. Cuando algo se nos remueve por dentro y, de verdad, nos sentimos unidos a alguien, en total sintonía con él.

Estoy convencida de que son esos momentos los reales, los que debemos ir a buscar para recuperar la paz, la propia y la del mundo. Porque sólo en esos momentos somos nosotros de verdad. Sin máscaras, sin miedos ni fisuras. Es en esos momentos cuando somos auténticos y dejamos que nuestros ser, nuestro corazón, se exprese.

Durante las actuaciones de los participantes de este programa los propios profesionales, en muchas ocasiones, son reales. Sienten la verdad de la persona que canta frente a ellos y se emocionan. Después, toda esa magia desaparece y, de nuevo, vuelve a manifestarse “la realidad”, esa que creemos real sólo porque es la que estamos acostumbrados a vivir. Y aparecen las rivalidades entre los profesionales, fruto de inseguridades personales, que ponen en marcha los recursos personales defensivos de cada uno para “sobre-vivir”. Y aparece toda la farándula del programa, que quita el valor real de lo que aportan los participantes desde lo más profundo de su ser.

Y ahí vivimos todos la mayor parte de nuestras vidas, escondidos. Porque nuestros miedos e inseguridades nos han contado que debemos “ser” de determinada manera porque hay algo en nosotros no vale. Cuando, en realidad, estoy convencida de que la verdadera vida se encuentra en esos momentos en los que es nuestro corazón el que habla. Esos pequeños, muy pequeños momentos, en los que nos emocionamos (y, a veces, sentimos vergüenza por ello o intentamos contenerlo, como si fuese algo malo) al sentir la “belleza real” de las personas y de lo que vivimos. En realidad, yo siempre espero vivir y encontrar esa “otra realidad” y, por eso, me pierdo tanto en este mundo.

Sinceramente, estoy convencida de que este mundo funciona al revés. Y que “nos han enseñado” a valorar aquellas cosas que, poco a poco, nos van desgastando, en vez de simplemente dejarnos ser, desde el corazón. Ahí, sólo ahí, reside la vida, la unión, la alegría, la paz… y todo esto esta dentro de cada uno de nosotros.

Estoy tan convencida de esto que ya no puedo mirar hacia otro lado. Y en esto estoy…

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