SOMOS ALMAS QUE HABITAMOS CUERPOS Y A TRAVÉS DE NUESTROS CUERPOS NOS MANIFESTAMOS

Si escuchamos a nuestro corazón, actuaremos en base a nuestra propia voz, aquella que nos dicta lo más indicado para nosotros en cada momento. seremos la manifestación de nosotros mismos en este mundo. Si, por el contrario, escuchamos a nuestra mente, iremos anestesiando poco a poco nuestra verdadera voz en beneficio de la voz de nuestro ego, voz surgida a partir de una gestión insana de nuestros miedos infantiles que quedan almacenados en el inconsciente y encuentran salida a través de nuestra mente.

Cuando actuamos escuchando la voz que surge de nuestro corazón, nos vivimos seres completos y en paz. Cuando escuchamos la voz de nuestra mente estamos disociados, de alguna manera. Una parte de nosotros (más o menos grande) se ha desconectado de lo que sentimos en realidad.

La manifestación de nuestra verdadera voz, la que se manifiesta a través de nuestro corazón, la podemos percibir a través de sutiles señales que detecta, de un modo u otro, nuestro ser en su totalidad cuando está integrado. En este estado, nuestro cuerpo actúa de manera armónica, sencilla, pausada, equilibrada,… Cuando es nuestro ego el que rige nuestros actos, nuestro cuerpo manifiesta anomalías, enfermedades, rigideces, y todo tipo de desequilibrios en general.

Los seres humanos somos seres libres y es decisión nuestra, en todo momento, elegir cuál es la voz que queremos escuchar y en base a la cual nos queremos manifestar. No es tarea sencilla ya que este mundo está organizado para que, desde pequeños, dejemos de escuchar nuestra verdadera voz en virtud de la voz creada en nuestro interior, nuestro ego que, alimentado por el miedo, nos deja en un estado de ensoñación que no nos permite diferenciar con claridad cuál de las dos realidades es la cierta.

Maite Sánchez Pinuaga nos hablaba hoy, en su curso “Crecer Juntos”, sobre la gran confusión a la que hemos sido abocados hoy en día y señalaba la importancia del discernimiento como parte imprescindible para tomar, desde nuestra capacidad de libre elección, una decisión responsable y consciente con respecto a nuestra conducta.

Como os decía, somos almas que habitamos cuerpos y a través de nuestros cuerpos nos manifestamos. Por ello, propongo un pequeño ejercicio de conciencia corporal como una herramienta más que nos permitirá diferenciar entre la escucha de nuestra verdadera voz frente a la voz de nuestra mente.

Si recordamos en la película de “Matrix”, la conexión principal que anclaba a las personas a ese mundo artificial estaba situada en la base posterior de nuestra cabeza, justo en el cerebelo, parte del encéfalo que une a éste con la médula espinal. A partir de aquí, propongo un ejercicio de toma de conciencia corporal que nos va a permitir discernir algunos momentos en los que estamos estamos permitiendo que nuestra mente controle nuestros actos.

Sugiero que cerremos los ojos y visualicemos esa parte de nuestra cabeza, como si nos conectásemos al mundo de Matrix. Fijémonos en qué estado se encuentra esa parte de nuestra cabeza… Para facilitar la toma de conciencia, podemos tensar esa zona y fijarnos en cómo rápidamente la tensión se desplaza por el centro de nuestra cabeza hacia arriba y hacia nuestras mandíbulas, tensándolas. Desde esa percepción, nos desplazamos hacia nuestro abdomen para comprobar en qué estado se encuentra. Probablemente se encuentre en tensión, resultado reflejo de apretar nuestra mandíbula, la cual se ha tensado automáticamente al “conectarnos a Matrix”, es decir, a nuestra mente.

Entre otras muchas tensiones corporales que surgen de dicha conexión (se cierra la garganta, el pecho se oprime, se tensa toda la columna hasta el coxis, etc.) se me ha ocurrido comentar brevemente ésta cuyo significado básico, a nivel psicológico, sería: cuando nuestra mente pasa a controlar nuestros actos de una manera no-funcional (se activa en exceso nuestro cerebelo) entramos en pánico y adoptamos una actitud de control (nuestras mandíbulas se tensan). Resultado de esto y, entre otras muchas consecuencias, nuestro abdomen (centro de nuestros sentimientos y nuestra creatividad) se tensa, por el miedo, y detiene el proceso natural de confianza en la vida. En este estado, estamos desconectados de nosotros mismos y lo que hacemos a partir de ahí poco tiene que ver con nuestro ser real.

Mi intención, al mostrar este ejercicio, es ofrecer una sencilla herramienta que nos permitirá tomar conciencia, en momentos de estrés, de qué parte de nosotros está controlando nuestras pensamientos, emociones y, por lo tanto, acciones. Simplemente visualizando esa parte de nuestro cuerpo y percibiendo en qué estado se encuentra podremos intervenir para modificar la situación en favor de nuestra salud, en favor de una actitud respetuosa con nosotros mismos. Respirar de una manera lenta, profunda y consciente permite deshacer la tensión acumulada en el cerebelo y, con ello, las mandíbulas y el abdomen se relajan. Entreabrir la boca también facilita esta relajación. Desde aquí, desde nuestro cuerpo en calma, será sencillo volver a escuchar la voz de nuestro corazón y, con ello, volver a SER nosotros de verdad.

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