ESFORZARNOS PARA CUIDARNOS Y, CUANDO NO PODAMOS, CONFIAR…

Escuché a Maite Sánchez Pinuaga, en cierta ocasión, hablar de la importancia del esfuerzo. De esforzarse, de verdad,  por las cosas que realmente merecen la pena.

La principal fuente de salud y bienestar es funcionar de una manera coherente y respetuosa con nosotros mismos, escuchándonos y atendiendo nuestras necesidades. En realidad, somos animales mamíferos programados biológicamente, al igual que el resto de seres vivos, con los recursos necesarios y suficientes para vivir de una manera óptima y respetuosa con nuestro entorno. Sin embargo, esto no resulta tan sencillo…

Las “normas de convivencia social” establecidas en nuestra sociedad occidental durante siglos han conseguido que interioricemos ciertos esquemas mentales respecto al funcionamiento individual, de relación familiar, laboral, educativos, de relación de género, de clase social, etc. que dirigen gran parte de nuestro comportamiento. En este devenir diario, nos “forzamos” continuamente a hacer cosas en contra de nuestras verdaderas necesidades básicas. Todo esto genera una falta de motivación, y por tanto esfuerzo real, frente a aquellas cosas que, de verdad, nos alimentan. Estamos cansados, decepcionados, des-energetizados por el transitar diario contracorriente y esto obstaculiza poder “actuar” según aquello que late en nuestro interior. Es así como, lo que tendría que ser algo natural (que el ser humano estuviese dirigido por su propio instinto) se ha convertido en algo en lo que tenemos que invertir un esfuerzo especial e intencionado: tenemos que “cuidarnos” para volver a estar conectados con nosotros mismos.

Por todo ello, y en tanto que vivimos en esta sociedad, una manera de recuperar nuestro equilibrio interior es revisar en qué cosas invertimos nuestra energía para desechar aquellas que nos desgastan (y podemos soltar) y dirigir nuestros esfuerzos hacia aquellas que nos permiten cuidarnos. Esto es algo muy particular y cada cual debe encontrar las suyas propias: el deporte, la meditación, la soledad, la relación social, la alimentación, terapias de cuidado y crecimiento personal, viajar, las manualidades, el contacto con la naturaleza, etc.

Si nos esforzamos en realizar todas aquellas cosas que alimentan nuestra alma podremos recuperar nuestro estado natural de bienestar y conducta respetuosa con nuestro entorno, a pesar de los requerimientos sociales. ¡Ahí es donde merece la pena esforzarse!. No obstante, muchas veces ocurre que, aún queriendo, todos nuestros condicionamientos inconscientes siguen dificultando este imprescindible cuidado personal. En estos casos, sólo nos queda CONFIAR EN LA VIDA, confiar en que ella nos cuida… Desde ahí, igualmente, podremos poco a poco volver a nuestro centro…

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