¿Cuál es el mensaje del cuento?

No se me da muy bien hacer publicidad, por eso la he hecho muy poco hasta ahora. No obstante, dejando de lado el beneficio económico que supone la venta de ejemplares del cuento, quiero priorizar el mensaje que transmite el cuento. En realidad, este mensaje resume toda mi verdad, todo a lo que me ha llevado mi trayectoria de vida.

Somos, todos, seres completos y perfectos (“Divinidades” llegan a afirmar algunas orientaciones espirituales) y hemos venido a este mundo a cumplir con cierto propósito y a entregar todo nuestro potencial al servicio de los demás. Sólo así tienen sentido nuestra existencia.

Es, no obstante, esta sociedad patriarcal la que se encarga de que olvidemos esto, desde el mismo momento de nuestra concepción, obstaculizando de mil maneras nuestra conexión con nosotros mismos en virtud de unos pocos que controlan y dominan el mundo. Si desconocemos nuestro propósito, si no escuchamos nuestra propia voz, buscaremos alternativas para recuperar nuestra paz perdida.

Lo que nos ofrece esta sociedad se nos muestran como dulces deliciosos que sacian nuestro malestar interno. Comprar, comer, beber, tener relaciones sexuales etc. compulsivamente, más allá de nuestras necesidades vitales reales, nos permite sobrevivir en este estado de ensoñación al que, sutilmente, nos han dirigido.

Con nuestras necesidades aparentemente satisfechas podemos “seguir cumpliendo los mandatos sociales”: realizar jornadas laborales inhumanas; no movilizarnos ante las injusticias sociales; otorgar el poder a los que gobiernan; reproducir de una generación a otra valores sociales obsoletos y vejatorios que perpetúan la sumisión al poder; etc.

Todo esto no es en vano. El desasosiego que genera a nuestras almas sobrevivir sin vivir se manifiesta a través de todo tipo de dolencias físicas, psicológicas o agresiones. Toda la represión de nuestro verdadero ser, tanto fingir alguien que no somos, nos angustia y nos enferma por dentro o lo descargamos injustamente hacia fuera.

Pero el alma del ser humano, a pesar de haber sido acallada desde su llegada a este mundo, sigue gritando desde el interior de cada persona para ser liberada, para recordar a las mujeres y hombres de este mundo la verdad: que nuestros destinos únicamente los conoce nuestro corazón. Sólo cuando permitamos que nuestra voz interior guíe nuestras vidas, sólo entonces, nuestra alma sonreirá y recuperaremos la paz.

El cuento que escribí nos recuerda este mensaje.

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